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Tiene 64 años: es empresario, la vida lo golpeó fuerte y confiesa qué hizo para ser feliz

A sus 64 años, Emilio Duró, empresario, profesor y conferenciante español, dice haber entendido que la vida no va de éxito o fracaso, ni siquiera de actitud: va de encontrar un sentido, de tener un propósito de vida.

Esta sabiduría no le llegó de la noche a la mañana, la tuvo que aprender. ¿Cómo? Atravesando fuertes golpes emocionales que le hicieron tomar conciencia de que no era feliz. Ahí pasó a preguntarse cuál era el secreto de las personas que siempre desprenden optimismo, energía y pasión. Entonces dio con otra de las claves: asumir la responsabilidad. “Cuando la vida va mal, uno no es el culpable de todo lo que pasa. Pero sí es responsable de cómo responde a ello”, reconoce en una charla para el ciclo Aprendemos Juntos 2030 de BBVA.

“La Universidad de Harvard dice que tenemos un mínimo de cuatro grandes golpes en la vida. Pues a mí se me juntaron golpes personales y tuve un momento de tristeza», explica sobre aquel momento bisagra de su vida. Y añade: “La vida es un código de barras. Hay rayas blancas, rayas negras, y creo que lo importante es ver cómo se ven más blancas que negras”.

Una psiquiatra española explica cómo tomar las riendas de la ‘pandemia del estrés’

En este contexto se retrotrae a 1980, año en el cual la Psicología hace −según él− un cambio fantástico en el que, aparte de estudiar a las personas que tienen gravísimos problemas psicológicos, empieza a investigar cómo es aquel tipo de gente que, a pesar de las circunstancias, es feliz. “En una misma empresa, hay dos personas haciendo lo mismo y una es feliz y la otra no, lo cual significa que no deben de ver lo mismo. Entonces, ¿eso qué significa? Que es tu mente la que proyecta la realidad», desarrolla.

Así fue que se interesó y comenzó a estudiar el motivo por el cual hay gente que es feliz y no tiene nada y gente que lo tiene todo y es infeliz.

Según Duró la vida va de encontrar un sentido, de tener un propósito

Sus hallazgos

“Vivimos en un mundo donde parece que todo es un desastre, en el cual hemos dejado de reír. Los niños ríen doscientas-trescientas veces al día, nosotros no llegamos a veinte al mes. Hemos puesto el mal humor de profesión. Si te ríes, no trabajas. Todo tiene que ser científico y yo tengo mis dudas”, declara.

Algunos de los descubrimientos que hizo fueron que, en comparación con el paradigma científico, “las cosas más maravillosas de la vida no se pueden demostrar” y que la causa principal de tristeza hoy en la vida es la soledad.

Para Duró, resulta increíble que sean las personas de países nórdicos las que dan cátedra de cómo ser felices. “La Universidad de Míchigan hizo hace poco un estudio para ver cómo es la gente que más éxito tiene en la vida y vive más. Lo primero que hallaron es que no están solos. Y lo segundo, que tienen una vida social activa”, señala.

Y ahí, reconoce, hay un punto. “Desde que nacemos hasta que morimos, solo buscamos una cosa: que nos quieran. Todos buscamos amor. Pero ahora estamos frente a una pantalla plana y nos dejamos la vida para ver cuántos likes se alcanzan», continúa.

Las recomendaciones de Diego Golombek para sincronizar nuestro reloj biológico y vivir mejor

Otra de las premisas que señala es que el estado de ánimo es pasajero y lo que verdaderamente permanece es el sentido que se le da a la vida. Como ejemplo de ello, Duró cita a uno de sus personajes más inspiradores: Viktor Frankl, el neurólogo y psiquiatra austríaco que descubrió que los prisioneros de los campos de concentración nazi que lo habían perdido todo morían en menos de dos semanas. De forma opuesta, quienes tenían a un niño enfermo o a los padres enfermos tardaban más en fallecer o no morían. “Él descubre algo tremendo: que la vida solo es maravillosa cuando se tiene un por qué, no solo un cómo», destaca.

El estado de ánimo es pasajero, lo que que verdaderamente permanece es el sentido que se le da a la vida

Al respecto, hace referencia a los mayores arrepentimientos que tienen las personas hacia el final de sus vidas. “Lo primero de lo que todo el mundo se arrepiente es de haber vivido la vida que querían sus padres. La segunda cosa es haber trabajado tanto, a costa de la familia y la salud. La tercera es no haber expresado más emociones positivas, tocado más, abrazado más, besado más, sentido más. La cuarta, haberse ido a vivir lejos de sus seres queridos», desarrolla.

También existe un quinto arrepentimiento universal: no haber sido más feliz.

Pautas para empezar a ser feliz:

Hacia el final del encuentro, Duró enumera ciertas acciones y hábitos −con sustento profesional− con los que es posible acercarse hacia un estado de plenitud.

“Hoy sabemos que cantando se es más feliz; que programando la mente por la mañana con una lista de cosas buenas uno se siente mejor; que centrándose en lo bueno y no en lo malo, se está más contento; que haciendo deporte se quitan las preocupaciones; y que a través de la meditación y la relajación se puede cambiar el estado de ánimo”, sintetiza.

Por último, pero no menos importante, habla de la esperanza: “Un perro es feliz cuando se le prepara la comida, no cuando come. La felicidad es la esperanza. Por ejemplo, la gente siente mayor felicidad cuando programa las vacaciones siete semanas antes que cuando las concreta. De todo lo que has pensado, era mejor la preparación que cuando estás allí”.

*Podés disfrutar de la charla completa que compartió el experto en Aprendemos Juntos 2030, la plataforma del BBVA con contenidos útiles e inspiradores para mejorar la vida de millones de personas de todo el mundo que desde mayo se emiten en forma exclusiva por LA NACION.

A sus 64 años, Emilio Duró, empresario, profesor y conferenciante español, dice haber entendido que la vida no va de éxito o fracaso, ni siquiera de actitud: va de encontrar un sentido, de tener un propósito de vida.

Esta sabiduría no le llegó de la noche a la mañana, la tuvo que aprender. ¿Cómo? Atravesando fuertes golpes emocionales que le hicieron tomar conciencia de que no era feliz. Ahí pasó a preguntarse cuál era el secreto de las personas que siempre desprenden optimismo, energía y pasión. Entonces dio con otra de las claves: asumir la responsabilidad. “Cuando la vida va mal, uno no es el culpable de todo lo que pasa. Pero sí es responsable de cómo responde a ello”, reconoce en una charla para el ciclo Aprendemos Juntos 2030 de BBVA.

“La Universidad de Harvard dice que tenemos un mínimo de cuatro grandes golpes en la vida. Pues a mí se me juntaron golpes personales y tuve un momento de tristeza», explica sobre aquel momento bisagra de su vida. Y añade: “La vida es un código de barras. Hay rayas blancas, rayas negras, y creo que lo importante es ver cómo se ven más blancas que negras”.

Una psiquiatra española explica cómo tomar las riendas de la ‘pandemia del estrés’

En este contexto se retrotrae a 1980, año en el cual la Psicología hace −según él− un cambio fantástico en el que, aparte de estudiar a las personas que tienen gravísimos problemas psicológicos, empieza a investigar cómo es aquel tipo de gente que, a pesar de las circunstancias, es feliz. “En una misma empresa, hay dos personas haciendo lo mismo y una es feliz y la otra no, lo cual significa que no deben de ver lo mismo. Entonces, ¿eso qué significa? Que es tu mente la que proyecta la realidad», desarrolla.

Así fue que se interesó y comenzó a estudiar el motivo por el cual hay gente que es feliz y no tiene nada y gente que lo tiene todo y es infeliz.

Según Duró la vida va de encontrar un sentido, de tener un propósito

Sus hallazgos

“Vivimos en un mundo donde parece que todo es un desastre, en el cual hemos dejado de reír. Los niños ríen doscientas-trescientas veces al día, nosotros no llegamos a veinte al mes. Hemos puesto el mal humor de profesión. Si te ríes, no trabajas. Todo tiene que ser científico y yo tengo mis dudas”, declara.

Algunos de los descubrimientos que hizo fueron que, en comparación con el paradigma científico, “las cosas más maravillosas de la vida no se pueden demostrar” y que la causa principal de tristeza hoy en la vida es la soledad.

Para Duró, resulta increíble que sean las personas de países nórdicos las que dan cátedra de cómo ser felices. “La Universidad de Míchigan hizo hace poco un estudio para ver cómo es la gente que más éxito tiene en la vida y vive más. Lo primero que hallaron es que no están solos. Y lo segundo, que tienen una vida social activa”, señala.

Y ahí, reconoce, hay un punto. “Desde que nacemos hasta que morimos, solo buscamos una cosa: que nos quieran. Todos buscamos amor. Pero ahora estamos frente a una pantalla plana y nos dejamos la vida para ver cuántos likes se alcanzan», continúa.

Las recomendaciones de Diego Golombek para sincronizar nuestro reloj biológico y vivir mejor

Otra de las premisas que señala es que el estado de ánimo es pasajero y lo que verdaderamente permanece es el sentido que se le da a la vida. Como ejemplo de ello, Duró cita a uno de sus personajes más inspiradores: Viktor Frankl, el neurólogo y psiquiatra austríaco que descubrió que los prisioneros de los campos de concentración nazi que lo habían perdido todo morían en menos de dos semanas. De forma opuesta, quienes tenían a un niño enfermo o a los padres enfermos tardaban más en fallecer o no morían. “Él descubre algo tremendo: que la vida solo es maravillosa cuando se tiene un por qué, no solo un cómo», destaca.

El estado de ánimo es pasajero, lo que que verdaderamente permanece es el sentido que se le da a la vida

Al respecto, hace referencia a los mayores arrepentimientos que tienen las personas hacia el final de sus vidas. “Lo primero de lo que todo el mundo se arrepiente es de haber vivido la vida que querían sus padres. La segunda cosa es haber trabajado tanto, a costa de la familia y la salud. La tercera es no haber expresado más emociones positivas, tocado más, abrazado más, besado más, sentido más. La cuarta, haberse ido a vivir lejos de sus seres queridos», desarrolla.

También existe un quinto arrepentimiento universal: no haber sido más feliz.

Pautas para empezar a ser feliz:

Hacia el final del encuentro, Duró enumera ciertas acciones y hábitos −con sustento profesional− con los que es posible acercarse hacia un estado de plenitud.

“Hoy sabemos que cantando se es más feliz; que programando la mente por la mañana con una lista de cosas buenas uno se siente mejor; que centrándose en lo bueno y no en lo malo, se está más contento; que haciendo deporte se quitan las preocupaciones; y que a través de la meditación y la relajación se puede cambiar el estado de ánimo”, sintetiza.

Por último, pero no menos importante, habla de la esperanza: “Un perro es feliz cuando se le prepara la comida, no cuando come. La felicidad es la esperanza. Por ejemplo, la gente siente mayor felicidad cuando programa las vacaciones siete semanas antes que cuando las concreta. De todo lo que has pensado, era mejor la preparación que cuando estás allí”.

*Podés disfrutar de la charla completa que compartió el experto en Aprendemos Juntos 2030, la plataforma del BBVA con contenidos útiles e inspiradores para mejorar la vida de millones de personas de todo el mundo que desde mayo se emiten en forma exclusiva por LA NACION.

 El profesor español Emilio Duró comparte su experiencia en primera persona  LA NACION

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