Augusto Batalla: “Lo que me pasó en River me generó un trauma, pero me saqué esa mochila”

MADRID.– Como si estuviera en Boedo, cualquier madrileño puede cruzarse con Augusto Batalla en un bar del barrio de Vallecas. El arquero argentino llegó a Rayo Vallecano hace medio año, pero ya todos reconocen su voz. Quizás por eso acaba de firmar un contrato hasta 2030 y hasta se permite soñar con llevar a este humilde club hasta las competencias europeas. “Tengo una ilusión muy grande”, reconoce.
Batalla recibe al cronista en la Ciudad Deportiva de Rayo Vallecano al mediodía, después del entrenamiento. Remera negra, zapatillas blancas y, en sus manos, lleva el kit matero, ya lavado después de cebar toda la mañana. Su llegada fue un salto de calidad en la cancha: es una de las figuras de este equipo, que está octavo en La Liga, a dos escalones de la clasificación para la Conference League.
Fuera de la cancha, su simpleza y su franqueza lo integraron rápido en el vestuario y en el club. “Me recibieron muy bien. Siempre digo que la gente del Rayo es parecida a los argentinos. Tiene mucha alma de barrio. Si le preguntás a un hincha de San Lorenzo, ellos te dicen que son de Boedo. Acá pasa lo mismo: los hinchas son de Vallecas”.
Lejos del estrellato, es normal que Batalla y sus compañeros caminen por Vallecas hasta encontrar algún restaurante para almorzar. “El club es del barrio, nosotros somos uno más y la gente nos trata de esa manera. Me gusta que no haya ese idilio con los futbolistas”, dice. Pero él no pasa inadvertido.
El exarquero de San Lorenzo atajó el sábado de la semana pasada otro penal. Joan Jordán, pateador del Deportivo Alavés, quiso picar la pelota, pero Batalla se quedó parado, la atrapó fácil, se rio y le dijo “no” con un índice. Toda una muestra de confianza para quien, a sus 28 años, ya sobrevivió a varios duelos en el fútbol argentino.
Batalla tiene claro que jugar en La Liga implica “una marcha más” de exigencia, pero remarca lo complejo del fútbol argentino. “Hay diferencia en la calidad de los controles, el golpeo de la pelota y la velocidad. La mayoría de los jugadores le pega más fuerte, más directo y más exacto. La Liga está entre las tres mejores del mundo y los jugadores lo hacen notar”.
¿Es mejor, entonces, que el fútbol argentino? “Es otro fútbol. No es ni mejor ni peor, es distinto. Porque cuando un jugador vuelve de Europa también le cuesta adaptarse. En Argentina jugamos con mucha más fricción, más roce, todo pasa por el mediocampo. Es muy complejo”.
Pero lejos de la pelota, Batalla remarca que las principales diferencias son culturales.
-¿Por qué nos tomamos el fútbol de otra manera?
-El problema es que en Argentina se puso al fútbol en un lugar tan importante que termina siendo la alegría de la gente. Jugar con esa presión es tremendo. El hincha quiere ir a ver a su equipo, ganar, comerse un asadito… Esa es la alegría en medio de tantas necesidades. La decadencia que venimos teniendo como país nos fue llevando a encontrar un refugio muy grande en el fútbol.
-¿Eso explica, por ejemplo, el festejo multitudinario cuando ganamos el Mundial?
-Sí, por eso la Copa del Mundo fue tan importante. Por quince días nos olvidamos de que existen los problemas, nos dedicamos a festejar y recién después volvimos a nuestra vida real en Argentina, con la inseguridad, la inflación, la pobreza. Ojalá que algún día eso mejore. Jugar con la presión de hacer feliz a la gente es muy complicado de sobrellevar.
Asentado, Batalla ahora mira en su futuro hacia Europa, pero no olvida su largo recorrido futbolístico de los últimos años, que incluyó momentos difíciles. Fue figura en San Lorenzo, pero todavía tiene presentes sus días en River Plate, el club que lo formó y en el que debutó como profesional en 2016. Sus errores en el arco millonario no sólo le costaron el puesto, sino que además le generaron “un trauma” que le llevó años superar.
Tocó fondo hace cinco años, cuando estaba jugando en Chile. “Fue un resurgir”, define a ese lapso, que incluyó un largo proceso mental para sanar las heridas que le habían dejado sus errores en River. Batalla recuerda que recién percibió el daño psicológico generado por las críticas cuando se tomó un mes de vacaciones aislado en la montaña, “sin teléfono y sin nada”. Allí tomó conciencia. “Tenía que trabajar en todo sentido. En la cabeza también, porque fue un proceso mental”.
-¿Pediste ayuda a un psicólogo?
-Sí. Me di cuenta de que lo que me pasó en River me generó un trauma, de que me generó un golpe muy grande, de que le tenía mucho miedo al error, de que me frustraba demasiado cuando me equivocaba. En ese contexto, uno piensa cuando sale a la cancha que otro error te “mata” futbolísticamente. Esos primeros dos años en Chile fueron en ese aspecto los más difíciles, porque era yo el que no me permitía equivocarme. Después me fui sacando un poco de ese peso.
-¿Qué pasó cuando volviste a jugar en Argentina?
-Me volvió una parte de esos sentimientos, porque tenía una lupa muy grande encima. Sabía que ante el primer error en San Lorenzo iba a salir en la tapa del diario y en los canales de televisión. Somos el único país que tiene siete canales de deportes de 24 horas. Pero el sistema es así, yo lo entiendo y lo acepto.
-¿Cómo influyó eso en tu rendimiento en San Lorenzo?
-¡Mucho! Me acuerdo de que cuando me llamaron de San Lorenzo lo conversé con mi psicólogo y hasta hicimos una lista de cosas positivas y negativas. Estuve nueve meses esperando mi oportunidad y cuando me tocó jugar, en los primeros tres partidos como titular, volvió ese miedo. Otra vez sonaba en mi cabeza: ‘No me puedo equivocar’. Ya después del tercer partido empecé a volver a creer en mí. Tuve una resiliencia muy grande para volver. No fue fácil, pero me saqué esa mochila y eso se notó en mi rendimiento. Ahora sigo trabajando con el psicólogo, pero más esporádico.
Hay un océano por medio, pero Argentina está siempre cerca para Batalla por River, San Lorenzo y los amigos del fútbol. Tiene buena relación con Marcelo Gallardo y cruza mensajes con excompañeros en el club millonario. Aunque no lo dice explícitamente, les pide un poco de paciencia a los hinchas. “Marcelo [Gallardo] va a ser Marcelo toda la vida, pase lo que pase en este ciclo. No tengo dudas de que con su forma de trabajar y el gran plantel que tiene le irá muy bien”.
Tampoco se olvida de Boedo, porque los cuervos lo siguen hasta cualquier rincón de España. “San Lorenzo va a ser mi casa toda la vida. Fue el paso más importante en mi vida deportiva. El vínculo creado con la gente no se va a acabar. Hace unos días fui a Mallorca y me regalaron la camiseta de la peña”, dice.
Pero el presente de Batalla es Vallecas. El descenso está cada vez más lejos y la posibilidad de clasificarse para una copa internacional, cada vez más cerca. Hace más de 20 años que este humilde equipo madrileño no juega competiciones internacionales. “Nos quedan pocas fechas para hacer historia. Estamos muy ilusionados porque el equipo compite”, se esperanza. El 0-4 sufrido como local este viernes a manos de Espanyol no apaga la llama.
El arquero no pierde de vista lo que sería el próximo paso de su “resurgir”: una convocatoria a la selección argentina. “Ojalá en algún momento suceda, pero es muy difícil porque «Dibu» [Emiliano Martínez], Walter [Benítez] y Juan [Musso] están logrando un gran rendimiento en equipos grandes de Europa. Tengo mi ilusión porque tener un buen rendimiento en La Liga da posibilidades. Sería un buen ejemplo para todos esos chicos que están pasando un mal momento, un mensaje para decirles: «La estás pasando mal, pero esto se puede dar vuelta trabajando y soñando»“.
MADRID.– Como si estuviera en Boedo, cualquier madrileño puede cruzarse con Augusto Batalla en un bar del barrio de Vallecas. El arquero argentino llegó a Rayo Vallecano hace medio año, pero ya todos reconocen su voz. Quizás por eso acaba de firmar un contrato hasta 2030 y hasta se permite soñar con llevar a este humilde club hasta las competencias europeas. “Tengo una ilusión muy grande”, reconoce.
Batalla recibe al cronista en la Ciudad Deportiva de Rayo Vallecano al mediodía, después del entrenamiento. Remera negra, zapatillas blancas y, en sus manos, lleva el kit matero, ya lavado después de cebar toda la mañana. Su llegada fue un salto de calidad en la cancha: es una de las figuras de este equipo, que está octavo en La Liga, a dos escalones de la clasificación para la Conference League.
Fuera de la cancha, su simpleza y su franqueza lo integraron rápido en el vestuario y en el club. “Me recibieron muy bien. Siempre digo que la gente del Rayo es parecida a los argentinos. Tiene mucha alma de barrio. Si le preguntás a un hincha de San Lorenzo, ellos te dicen que son de Boedo. Acá pasa lo mismo: los hinchas son de Vallecas”.
Lejos del estrellato, es normal que Batalla y sus compañeros caminen por Vallecas hasta encontrar algún restaurante para almorzar. “El club es del barrio, nosotros somos uno más y la gente nos trata de esa manera. Me gusta que no haya ese idilio con los futbolistas”, dice. Pero él no pasa inadvertido.
El exarquero de San Lorenzo atajó el sábado de la semana pasada otro penal. Joan Jordán, pateador del Deportivo Alavés, quiso picar la pelota, pero Batalla se quedó parado, la atrapó fácil, se rio y le dijo “no” con un índice. Toda una muestra de confianza para quien, a sus 28 años, ya sobrevivió a varios duelos en el fútbol argentino.
Batalla tiene claro que jugar en La Liga implica “una marcha más” de exigencia, pero remarca lo complejo del fútbol argentino. “Hay diferencia en la calidad de los controles, el golpeo de la pelota y la velocidad. La mayoría de los jugadores le pega más fuerte, más directo y más exacto. La Liga está entre las tres mejores del mundo y los jugadores lo hacen notar”.
¿Es mejor, entonces, que el fútbol argentino? “Es otro fútbol. No es ni mejor ni peor, es distinto. Porque cuando un jugador vuelve de Europa también le cuesta adaptarse. En Argentina jugamos con mucha más fricción, más roce, todo pasa por el mediocampo. Es muy complejo”.
Pero lejos de la pelota, Batalla remarca que las principales diferencias son culturales.
-¿Por qué nos tomamos el fútbol de otra manera?
-El problema es que en Argentina se puso al fútbol en un lugar tan importante que termina siendo la alegría de la gente. Jugar con esa presión es tremendo. El hincha quiere ir a ver a su equipo, ganar, comerse un asadito… Esa es la alegría en medio de tantas necesidades. La decadencia que venimos teniendo como país nos fue llevando a encontrar un refugio muy grande en el fútbol.
-¿Eso explica, por ejemplo, el festejo multitudinario cuando ganamos el Mundial?
-Sí, por eso la Copa del Mundo fue tan importante. Por quince días nos olvidamos de que existen los problemas, nos dedicamos a festejar y recién después volvimos a nuestra vida real en Argentina, con la inseguridad, la inflación, la pobreza. Ojalá que algún día eso mejore. Jugar con la presión de hacer feliz a la gente es muy complicado de sobrellevar.
Asentado, Batalla ahora mira en su futuro hacia Europa, pero no olvida su largo recorrido futbolístico de los últimos años, que incluyó momentos difíciles. Fue figura en San Lorenzo, pero todavía tiene presentes sus días en River Plate, el club que lo formó y en el que debutó como profesional en 2016. Sus errores en el arco millonario no sólo le costaron el puesto, sino que además le generaron “un trauma” que le llevó años superar.
Tocó fondo hace cinco años, cuando estaba jugando en Chile. “Fue un resurgir”, define a ese lapso, que incluyó un largo proceso mental para sanar las heridas que le habían dejado sus errores en River. Batalla recuerda que recién percibió el daño psicológico generado por las críticas cuando se tomó un mes de vacaciones aislado en la montaña, “sin teléfono y sin nada”. Allí tomó conciencia. “Tenía que trabajar en todo sentido. En la cabeza también, porque fue un proceso mental”.
-¿Pediste ayuda a un psicólogo?
-Sí. Me di cuenta de que lo que me pasó en River me generó un trauma, de que me generó un golpe muy grande, de que le tenía mucho miedo al error, de que me frustraba demasiado cuando me equivocaba. En ese contexto, uno piensa cuando sale a la cancha que otro error te “mata” futbolísticamente. Esos primeros dos años en Chile fueron en ese aspecto los más difíciles, porque era yo el que no me permitía equivocarme. Después me fui sacando un poco de ese peso.
-¿Qué pasó cuando volviste a jugar en Argentina?
-Me volvió una parte de esos sentimientos, porque tenía una lupa muy grande encima. Sabía que ante el primer error en San Lorenzo iba a salir en la tapa del diario y en los canales de televisión. Somos el único país que tiene siete canales de deportes de 24 horas. Pero el sistema es así, yo lo entiendo y lo acepto.
-¿Cómo influyó eso en tu rendimiento en San Lorenzo?
-¡Mucho! Me acuerdo de que cuando me llamaron de San Lorenzo lo conversé con mi psicólogo y hasta hicimos una lista de cosas positivas y negativas. Estuve nueve meses esperando mi oportunidad y cuando me tocó jugar, en los primeros tres partidos como titular, volvió ese miedo. Otra vez sonaba en mi cabeza: ‘No me puedo equivocar’. Ya después del tercer partido empecé a volver a creer en mí. Tuve una resiliencia muy grande para volver. No fue fácil, pero me saqué esa mochila y eso se notó en mi rendimiento. Ahora sigo trabajando con el psicólogo, pero más esporádico.
Hay un océano por medio, pero Argentina está siempre cerca para Batalla por River, San Lorenzo y los amigos del fútbol. Tiene buena relación con Marcelo Gallardo y cruza mensajes con excompañeros en el club millonario. Aunque no lo dice explícitamente, les pide un poco de paciencia a los hinchas. “Marcelo [Gallardo] va a ser Marcelo toda la vida, pase lo que pase en este ciclo. No tengo dudas de que con su forma de trabajar y el gran plantel que tiene le irá muy bien”.
Tampoco se olvida de Boedo, porque los cuervos lo siguen hasta cualquier rincón de España. “San Lorenzo va a ser mi casa toda la vida. Fue el paso más importante en mi vida deportiva. El vínculo creado con la gente no se va a acabar. Hace unos días fui a Mallorca y me regalaron la camiseta de la peña”, dice.
Pero el presente de Batalla es Vallecas. El descenso está cada vez más lejos y la posibilidad de clasificarse para una copa internacional, cada vez más cerca. Hace más de 20 años que este humilde equipo madrileño no juega competiciones internacionales. “Nos quedan pocas fechas para hacer historia. Estamos muy ilusionados porque el equipo compite”, se esperanza. El 0-4 sufrido como local este viernes a manos de Espanyol no apaga la llama.
El arquero no pierde de vista lo que sería el próximo paso de su “resurgir”: una convocatoria a la selección argentina. “Ojalá en algún momento suceda, pero es muy difícil porque «Dibu» [Emiliano Martínez], Walter [Benítez] y Juan [Musso] están logrando un gran rendimiento en equipos grandes de Europa. Tengo mi ilusión porque tener un buen rendimiento en La Liga da posibilidades. Sería un buen ejemplo para todos esos chicos que están pasando un mal momento, un mensaje para decirles: «La estás pasando mal, pero esto se puede dar vuelta trabajando y soñando»“.
A los 28 años, el arquero de Rayo Vallecano limpió su mente de aquel temor que le quedó tras sus errores en el equipo millonario; su relación con Marcelo Gallardo y excompañeros LA NACION