Central Córdoba goza la cúspide de su historia: empató con Liga en su primera vez en la Libertadores

El Madre de Ciudades es un escenario extraordinario. Más allá de que provoca asombro que una cancha de estas características sea parte de una geografía matizada de pobreza, se convirtió con el transcurrir del tiempo (marzo de 2021, unos 1500 millones de pesos, según algunos estudios) en un orgullo local. La gente que está este jueves a la noche viviendo un momento único así lo certifica: más de uno mira el partido entre lágrimas porque se trata de la historia viva.
Central Córdoba, el equipo de Santiago del Estero, se estrena en la Copa Libertadores. El fútbol argentino, una organización desordenada, sospechosa y atractiva, les da oportunidades a todos. Más allá de algunas suspicacias fundamentadas por cierta relación entrañable con la cúpula de la AFA, el Ferroviario es un muy buen equipo. De los 30, al menos, los que componen nuestro medio, está en la zona de arriba. La mano de Omar De Felippe es fundamental: el entrenador que este jueves cumple 63 años es el creador de un equipo equilibrado que da gusto.
Es el campeón de la Copa Argentina, algo así como el Patronato de estos tiempos. Le ganó a Vélez, el campeón del torneo local y se sostiene sin nombres rutilantes (Jonathan Galván maneja los tiempos, el mismo de aquel penal fatídico de Racing) y el resto corre, mete, se protege, se contiene y se ilusiona con un pibe, el colombiano Luis Miguel Angulo, de 21 años. El pequeño equipo de Paraná jugó en 2023 por la “gloria eterna”, Central Córdoba lo hace ahora, entre fanáticos que aplauden, se emocionan y no lo pueden creer. Si hasta un puñado de años atrás, era un invitado en los torneos de ascenso.
El título de la Copa Argentina lo lleva a esta actualidad. Pero no afloja: está sexto en el grupo A del torneo Apertura, por lo que la clasificación para los octavos de final del certamen local es una misión posible. Lo que vive en este instante, ahora mismo, es otro asunto: se trata del valor de participar. En un mundo súper profesional futbolero, un mensaje que vuelve a los días de chicos pateando pelotas en las plazas. Jugar, por sobre ganar. Estar.
Liga Deportiva Universitaria, dirigido por el argentino Pablo “Vitamina” Sánchez, es su primer rival. Un 0 a 0 injusto: debió ganar el equipo santiagueño. Nada menos que contra un campeón de Copa. ¡Cómo olvidarlo, si fue una revolución en Ecuador! Se consagró en 2008, en el Maracaná, frente a Fluminense, en una dramática definición por penales al mando de Edgardo Bauza. El Patón, que atraviesa una dolorosa enfermedad, es un mito viviente en el país que divide el mundo. Y múltiple ganador local e internacional.
Los santiagueños le jugaron de igual a igual, hasta los superaron de a ratos. Y reclamaron un penal, que el VAR vio y el juez Leodán González prefirió ignorar. Una mano de Leonel Quiñonez, que el uruguayo interpretó como de apoyo.
De su propio Maracaná, al auténtico y mítico escenario de Río de Janeiro: el Ferroviario va a jugar este miércoles contra Flamengo, en Brasil. Mejor, imposible. “Yo estoy bárbaro y yo creo que los jugadores también quieren aprovechar y disfrutar de esta instancia que nos toca. Espero que sea el inicio de algo lindo para todos nosotros. Los chicos están trabajando muy bien. Creo que hay una ansiedad muy grande de todos, de la gente, de los chicos. Y tratamos de bajar un cambio y tomar esto como lo que es, un partido de fútbol de nivel internacional”, reflexiona De Felippe.
Y va más allá: “Nosotros venimos de punto, nos pasó algo similar en la Copa Argentina, nosotros ni aparecíamos en las encuestas y salimos campeones. Es así esto. Quizás es una motivación extra que nosotros tendríamos que aparecer en este torneo. Así que con humildad y laburo hay que tratar de hacer un buen torneo. Entendemos que es muy difícil por la jerarquía de los rivales. Pero cuando entramos en la cancha todos queremos ganar”.
Angulo está a punto de celebrar la apertura del marcador, pero Quiñonez se arroja con alma y vida y ahoga el grito en la línea. Gonzalo Valle, el arquero de Liga, es la figura, hasta que sale lesionado a 20 minutos del cierre, reemplazado por Alexis Villa. Central Córdoba juega la Libertadores, con 17 disparos al arco: la envidia de Boca, en su desesperación por alcanzar la séptima. También, de otros poderosos, como San Lorenzo y hasta Independiente, que ahora debe conformarse con participar en la Sudamericana.
Los aplausos cierran la noche. Central Córdoba escribe un nuevo capítulo en su historia. Uno que, tal vez, ni siquiera había imaginado.
El Madre de Ciudades es un escenario extraordinario. Más allá de que provoca asombro que una cancha de estas características sea parte de una geografía matizada de pobreza, se convirtió con el transcurrir del tiempo (marzo de 2021, unos 1500 millones de pesos, según algunos estudios) en un orgullo local. La gente que está este jueves a la noche viviendo un momento único así lo certifica: más de uno mira el partido entre lágrimas porque se trata de la historia viva.
Central Córdoba, el equipo de Santiago del Estero, se estrena en la Copa Libertadores. El fútbol argentino, una organización desordenada, sospechosa y atractiva, les da oportunidades a todos. Más allá de algunas suspicacias fundamentadas por cierta relación entrañable con la cúpula de la AFA, el Ferroviario es un muy buen equipo. De los 30, al menos, los que componen nuestro medio, está en la zona de arriba. La mano de Omar De Felippe es fundamental: el entrenador que este jueves cumple 63 años es el creador de un equipo equilibrado que da gusto.
Es el campeón de la Copa Argentina, algo así como el Patronato de estos tiempos. Le ganó a Vélez, el campeón del torneo local y se sostiene sin nombres rutilantes (Jonathan Galván maneja los tiempos, el mismo de aquel penal fatídico de Racing) y el resto corre, mete, se protege, se contiene y se ilusiona con un pibe, el colombiano Luis Miguel Angulo, de 21 años. El pequeño equipo de Paraná jugó en 2023 por la “gloria eterna”, Central Córdoba lo hace ahora, entre fanáticos que aplauden, se emocionan y no lo pueden creer. Si hasta un puñado de años atrás, era un invitado en los torneos de ascenso.
El título de la Copa Argentina lo lleva a esta actualidad. Pero no afloja: está sexto en el grupo A del torneo Apertura, por lo que la clasificación para los octavos de final del certamen local es una misión posible. Lo que vive en este instante, ahora mismo, es otro asunto: se trata del valor de participar. En un mundo súper profesional futbolero, un mensaje que vuelve a los días de chicos pateando pelotas en las plazas. Jugar, por sobre ganar. Estar.
Liga Deportiva Universitaria, dirigido por el argentino Pablo “Vitamina” Sánchez, es su primer rival. Un 0 a 0 injusto: debió ganar el equipo santiagueño. Nada menos que contra un campeón de Copa. ¡Cómo olvidarlo, si fue una revolución en Ecuador! Se consagró en 2008, en el Maracaná, frente a Fluminense, en una dramática definición por penales al mando de Edgardo Bauza. El Patón, que atraviesa una dolorosa enfermedad, es un mito viviente en el país que divide el mundo. Y múltiple ganador local e internacional.
Los santiagueños le jugaron de igual a igual, hasta los superaron de a ratos. Y reclamaron un penal, que el VAR vio y el juez Leodán González prefirió ignorar. Una mano de Leonel Quiñonez, que el uruguayo interpretó como de apoyo.
De su propio Maracaná, al auténtico y mítico escenario de Río de Janeiro: el Ferroviario va a jugar este miércoles contra Flamengo, en Brasil. Mejor, imposible. “Yo estoy bárbaro y yo creo que los jugadores también quieren aprovechar y disfrutar de esta instancia que nos toca. Espero que sea el inicio de algo lindo para todos nosotros. Los chicos están trabajando muy bien. Creo que hay una ansiedad muy grande de todos, de la gente, de los chicos. Y tratamos de bajar un cambio y tomar esto como lo que es, un partido de fútbol de nivel internacional”, reflexiona De Felippe.
Y va más allá: “Nosotros venimos de punto, nos pasó algo similar en la Copa Argentina, nosotros ni aparecíamos en las encuestas y salimos campeones. Es así esto. Quizás es una motivación extra que nosotros tendríamos que aparecer en este torneo. Así que con humildad y laburo hay que tratar de hacer un buen torneo. Entendemos que es muy difícil por la jerarquía de los rivales. Pero cuando entramos en la cancha todos queremos ganar”.
Angulo está a punto de celebrar la apertura del marcador, pero Quiñonez se arroja con alma y vida y ahoga el grito en la línea. Gonzalo Valle, el arquero de Liga, es la figura, hasta que sale lesionado a 20 minutos del cierre, reemplazado por Alexis Villa. Central Córdoba juega la Libertadores, con 17 disparos al arco: la envidia de Boca, en su desesperación por alcanzar la séptima. También, de otros poderosos, como San Lorenzo y hasta Independiente, que ahora debe conformarse con participar en la Sudamericana.
Los aplausos cierran la noche. Central Córdoba escribe un nuevo capítulo en su historia. Uno que, tal vez, ni siquiera había imaginado.
En Santiago del Estero igualó sin goles, siendo superior; la semana próxima conocerá el Maracanã: jugará con Flamengo en Río de Janeiro LA NACION