El “Día de la liberación” de Trump le hace olas al plan de Milei

La guerra comercial global desatada por Donald Trump tendrá un impacto directo en la Argentina. El socio político de Javier Milei le impuso un arancel de 10% a los productos nacionales que se venden a los Estados Unidos. Pero eso no será todo. El golpe excederá a las frutas, la carne, los vinos, el acero o el aluminio. El Plan Trump afectará el Plan Milei.
Es que la Argentina necesita dólares para aterrizar la estabilización. La incertidumbre general se multiplicará en los mercados financieros globales. Esto limitará aún más la posibilidad -vedada actualmente- de acelerar el acceso al financiamiento voluntario para la Argentina en el exterior. En ese camino, el riesgo país tardará más en llegar -más allá del cierre del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), a los puntos necesarios –entre 500 y 400, se estima- para lograr conseguir dólares que permitan refinanciar el capital de vencimientos de deuda, pagar solo intereses y acumular reservas en el Banco Central. “El impacto global afecta al equity [las acciones] argentino”, explicó un exministro.
También, es probable, que se den singulares cambios en los destinos de exportación globales, luego de que la Casa Blanca impusiera fortísimos sobrearanceles a muchos países (China, Unión Europea, Taiwán, Japón, India, Corea del Sur, Tailandia, Suiza, Indonesia, Malasia, Camboya, Filipinas o Israel, entre otros). Aquellos que no logren entrar al mercado estadounidense comenzarán a ver con buenos ojos a aquellos países que se abren comercialmente. Uno es la Argentina.
Un fuerte crecimiento de las importaciones –un efecto que ya comenzó a verse con el aumento de la actividad económica en enero y febrero pasados, según datos oficiales- aumentará las tensiones con los principales grupos industriales argentinos, que ya alertaron por la falta de competitividad local y el impacto que tiene repartir la torta del rebote económico con la producción extranjera. Ese golpe, alertaron la UIA y el Observatorio Pyme (fundado y sostenido por el Grupo Techint), se llama empleo. Es probable que, en el país, se recaliente nuevamente el debate sobre el valor del dólar.
Quedará saber qué represalias tomarán ahora los países y bloques comerciales apuntados por el presidente de los Estados Unidos. Queda claro sí que la guerra recién empieza y que el clima de hostilidad crecerá. También el espíritu proteccionista.
En el corto plazo, sin embargo, algunos prevén que algunas exportaciones argentinas podrían verificar aumentos en sus precios. “La soja a China y otras commodities a Europa pueden valer más”, anticipó un exsecretario de Finanzas, que recalcó, sin embargo, que la incertidumbre global no es buena para un país, como la Argentina, que está en proceso de estabilización. En ese sentido, nadie duda que los bonos locales, como las acciones, sufrirán consecuencias.
Los países sudamericanos, por otra parte, se verán afectados por el freno del comercio mundial en un clima aparentemente recesivo, pero además sufrirán la falta de divisas giradas a países emergentes. Es probable que la Reserva Federal (Fed) corte la baja de tasas de interés pendientes por un aumento de la inflación. Pese a que en EE.UU. el gobierno de Trump habla de una sola ronda de aumentos de precios (suba de nivel, pero no variación permanente), algunos analistas creen que las represalias comerciales y la filtración de estas medidas a los servicios puede hacer más permanente la dinámica.
Alivio, pero no total
“No nos mata, en principio”, respiró aliviado un funcionario del equipo económico encargado de monitorear la producción. Cerca del ministro de Economía, Luis Caputo, que viaja esta noche a Estados Unidos acompañando al Presidente, ya anticipaban que el anuncio de la suba de aranceles a los productos argentinos sería un tema a tratar entre Trump y Milei.
“No tenemos que salir al mercado. Así que no nos afecta. ¡A menos que dure un año entero!”, aseguraron en Economía sobre la necesidad de ir al mercado. En el Palacio de Hacienda respiraron aliviados sobre lo que le tocó al país (10%). “TMAP [Todo Marcha Acorde al Plan]”, dijeron sobre los US$20.000 millones que llegarán del Fondo.
Tenaris, del Grupo Techint, que todavía exporta acero desde la Argentina a pesar de tener plantas en México y Estados Unidos, se vería afectado por el nuevo arancel. Lo mismo que Aluar, que vende un 45% de su producto (unas 180.000 toneladas por año) al país del norte. Ambos ya habían sufrido esas tarifas y también cupos durante el macrismo. Algunas bodegas locales, por caso, incluso ya tenían problemas con sus negocios instalados en los Estados Unidos, ya que uno de los mercados desde allí era nada menos que Canadá, uno de los países apuntados por el líder republicano.
En una de las empresas que vende a EE.UU. hubo cierto alivio durante la tarde. Luego del anuncio de Trump, había llegado que la Casa Blanca había aclarado que las tarifas “no son acumulables”. Esto significa, tradujeron, que si en un sector ya hay tarifas especiales, las nuevas no se le sumarán. Aluar, por caso, ya tenía un 25%.
“A esta altura algunas dudas que estoy tratando de clarificar”, contó un empresario argentino que vende parte de su producción a los Estados Unidos. “Supongo que en breve tendremos la respuesta. La primera es Canadá, México y Rusia, ¿qué pasa con ellos? La segunda, si hay superposición de gravámenes o no hay superposición de gravámenes. Y la tercera [duda] es en el tema de petróleo; ¿qué va a pasar? Si esto corre también para petróleo o no, porque afectaría las exportaciones de crudo a Estados Unidos. Por ahora son más dudas que certidumbres”, dijo.
“En lo financiero, nos afecta en cuanto afecte el contexto global de tasas de interés y apetito por riesgo”, afirmó un hombre que suele ser consulta habitual del equipo económico. Un colega suyo que conoció los pasillos del BCRA señaló que lo más probable que es no sigan bajando las tasas de la Fed, lo que es malo para los países emergentes y que necesitan dólares, como la Argentina. Sin embargo, abrió una luz de esperanza. “Trump es un negociador nato. Te pide Z para acordar en J”, ejemplificó sobre la nueva geometría del comercio mundial que acaba de abrirse, que pasará -dicen- de una globalización más homogénea a otra más fragmentada. Se trata de la teoría que indica de que estas medidas son de corto plazo y están orientadas a la necesidad de EE.UU. de conseguir, entre otras cosas, frenar la inmigración y la importación de fentanilo. Esto deja de lado otro foco que está impulsando la Secretaría del Tesoro que dirige Scot Bessent, una figura clave hoy. Ese foco es bajar el déficit, reduciendo gasto y sumando ingresos para, a su vez, morigerar la deuda.
La nueva guerra suma incertidumbre financiera y comercial cuando Milei debe aterrizar el helicóptero azotado por el viento que es la economía argentina. A ese desafío, al que el país todavía no le había encontrado una solución definitiva, se le suma otro obstáculo: el libertario deberá aterrizarlo en el barco con el oleaje ciclónico en el que se convirtió el mundo.
La guerra comercial global desatada por Donald Trump tendrá un impacto directo en la Argentina. El socio político de Javier Milei le impuso un arancel de 10% a los productos nacionales que se venden a los Estados Unidos. Pero eso no será todo. El golpe excederá a las frutas, la carne, los vinos, el acero o el aluminio. El Plan Trump afectará el Plan Milei.
Es que la Argentina necesita dólares para aterrizar la estabilización. La incertidumbre general se multiplicará en los mercados financieros globales. Esto limitará aún más la posibilidad -vedada actualmente- de acelerar el acceso al financiamiento voluntario para la Argentina en el exterior. En ese camino, el riesgo país tardará más en llegar -más allá del cierre del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), a los puntos necesarios –entre 500 y 400, se estima- para lograr conseguir dólares que permitan refinanciar el capital de vencimientos de deuda, pagar solo intereses y acumular reservas en el Banco Central. “El impacto global afecta al equity [las acciones] argentino”, explicó un exministro.
También, es probable, que se den singulares cambios en los destinos de exportación globales, luego de que la Casa Blanca impusiera fortísimos sobrearanceles a muchos países (China, Unión Europea, Taiwán, Japón, India, Corea del Sur, Tailandia, Suiza, Indonesia, Malasia, Camboya, Filipinas o Israel, entre otros). Aquellos que no logren entrar al mercado estadounidense comenzarán a ver con buenos ojos a aquellos países que se abren comercialmente. Uno es la Argentina.
Un fuerte crecimiento de las importaciones –un efecto que ya comenzó a verse con el aumento de la actividad económica en enero y febrero pasados, según datos oficiales- aumentará las tensiones con los principales grupos industriales argentinos, que ya alertaron por la falta de competitividad local y el impacto que tiene repartir la torta del rebote económico con la producción extranjera. Ese golpe, alertaron la UIA y el Observatorio Pyme (fundado y sostenido por el Grupo Techint), se llama empleo. Es probable que, en el país, se recaliente nuevamente el debate sobre el valor del dólar.
Quedará saber qué represalias tomarán ahora los países y bloques comerciales apuntados por el presidente de los Estados Unidos. Queda claro sí que la guerra recién empieza y que el clima de hostilidad crecerá. También el espíritu proteccionista.
En el corto plazo, sin embargo, algunos prevén que algunas exportaciones argentinas podrían verificar aumentos en sus precios. “La soja a China y otras commodities a Europa pueden valer más”, anticipó un exsecretario de Finanzas, que recalcó, sin embargo, que la incertidumbre global no es buena para un país, como la Argentina, que está en proceso de estabilización. En ese sentido, nadie duda que los bonos locales, como las acciones, sufrirán consecuencias.
Los países sudamericanos, por otra parte, se verán afectados por el freno del comercio mundial en un clima aparentemente recesivo, pero además sufrirán la falta de divisas giradas a países emergentes. Es probable que la Reserva Federal (Fed) corte la baja de tasas de interés pendientes por un aumento de la inflación. Pese a que en EE.UU. el gobierno de Trump habla de una sola ronda de aumentos de precios (suba de nivel, pero no variación permanente), algunos analistas creen que las represalias comerciales y la filtración de estas medidas a los servicios puede hacer más permanente la dinámica.
Alivio, pero no total
“No nos mata, en principio”, respiró aliviado un funcionario del equipo económico encargado de monitorear la producción. Cerca del ministro de Economía, Luis Caputo, que viaja esta noche a Estados Unidos acompañando al Presidente, ya anticipaban que el anuncio de la suba de aranceles a los productos argentinos sería un tema a tratar entre Trump y Milei.
“No tenemos que salir al mercado. Así que no nos afecta. ¡A menos que dure un año entero!”, aseguraron en Economía sobre la necesidad de ir al mercado. En el Palacio de Hacienda respiraron aliviados sobre lo que le tocó al país (10%). “TMAP [Todo Marcha Acorde al Plan]”, dijeron sobre los US$20.000 millones que llegarán del Fondo.
Tenaris, del Grupo Techint, que todavía exporta acero desde la Argentina a pesar de tener plantas en México y Estados Unidos, se vería afectado por el nuevo arancel. Lo mismo que Aluar, que vende un 45% de su producto (unas 180.000 toneladas por año) al país del norte. Ambos ya habían sufrido esas tarifas y también cupos durante el macrismo. Algunas bodegas locales, por caso, incluso ya tenían problemas con sus negocios instalados en los Estados Unidos, ya que uno de los mercados desde allí era nada menos que Canadá, uno de los países apuntados por el líder republicano.
En una de las empresas que vende a EE.UU. hubo cierto alivio durante la tarde. Luego del anuncio de Trump, había llegado que la Casa Blanca había aclarado que las tarifas “no son acumulables”. Esto significa, tradujeron, que si en un sector ya hay tarifas especiales, las nuevas no se le sumarán. Aluar, por caso, ya tenía un 25%.
“A esta altura algunas dudas que estoy tratando de clarificar”, contó un empresario argentino que vende parte de su producción a los Estados Unidos. “Supongo que en breve tendremos la respuesta. La primera es Canadá, México y Rusia, ¿qué pasa con ellos? La segunda, si hay superposición de gravámenes o no hay superposición de gravámenes. Y la tercera [duda] es en el tema de petróleo; ¿qué va a pasar? Si esto corre también para petróleo o no, porque afectaría las exportaciones de crudo a Estados Unidos. Por ahora son más dudas que certidumbres”, dijo.
“En lo financiero, nos afecta en cuanto afecte el contexto global de tasas de interés y apetito por riesgo”, afirmó un hombre que suele ser consulta habitual del equipo económico. Un colega suyo que conoció los pasillos del BCRA señaló que lo más probable que es no sigan bajando las tasas de la Fed, lo que es malo para los países emergentes y que necesitan dólares, como la Argentina. Sin embargo, abrió una luz de esperanza. “Trump es un negociador nato. Te pide Z para acordar en J”, ejemplificó sobre la nueva geometría del comercio mundial que acaba de abrirse, que pasará -dicen- de una globalización más homogénea a otra más fragmentada. Se trata de la teoría que indica de que estas medidas son de corto plazo y están orientadas a la necesidad de EE.UU. de conseguir, entre otras cosas, frenar la inmigración y la importación de fentanilo. Esto deja de lado otro foco que está impulsando la Secretaría del Tesoro que dirige Scot Bessent, una figura clave hoy. Ese foco es bajar el déficit, reduciendo gasto y sumando ingresos para, a su vez, morigerar la deuda.
La nueva guerra suma incertidumbre financiera y comercial cuando Milei debe aterrizar el helicóptero azotado por el viento que es la economía argentina. A ese desafío, al que el país todavía no le había encontrado una solución definitiva, se le suma otro obstáculo: el libertario deberá aterrizarlo en el barco con el oleaje ciclónico en el que se convirtió el mundo.
El anuncio de tarifas a todos los países del mundo abre una guerra comercial y genera incertidumbre financiera LA NACION