Lucía Solla Sobral: “La violencia psicológica es lo suficientemente grave, aunque nunca llegue el golpe”

Con más de 150.000 ejemplares vendidos, más de veinte ediciones en España y traducciones en doce idiomas, Comerás flores convirtió a la escritora española Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) en uno de los fenómenos editoriales recientes. En su debut, publicado por Libros del Asteroide, la autora explora las formas más sutiles del maltrato psicológico en una relación de pareja. La novela sigue a Marina, una joven que se involucra con un hombre mayor en un vínculo atravesado por la manipulación, la dependencia emocional y una violencia que nunca llega a ser física, pero que se instala como una amenaza constante. De paso por Buenos Aires, donde se presentará en la 50° edición de la Feria del Libro, conversó sobre el origen del libro, su recepción y las tensiones que atraviesan la historia.
La novela, cuenta, nació de una inquietud persistente en torno a la escasa visibilidad del maltrato psicológico. A partir de ahí, Solla Sobral comenzó a investigar y a conversar con amigas y conocidas, en un proceso que derivó en una experiencia compartida: lo que inicialmente aparecía como algo ajeno empezó a reconocerse como cercano. Ese material dio origen a un primer relato, que luego desarrolló en un taller de escritura y más tarde en una residencia literaria, donde terminó de consolidar Comerás flores.
–El libro construye una tensión constante sin que la violencia llegue a volverse física. ¿Te interesaba justamente trabajar sobre ese límite?
–Para mí era fundamental que nunca pasara a lo físico. Aunque tú creas que va a pasar, porque lo tenemos asumido, quería que no ocurriera para que por fin seamos capaces de asumir que la violencia psicológica ya es lo suficientemente grave, aunque nunca llegue el golpe. A veces hay lectores que esperan que pase ‘algo más’, pero también es realista que no pase nada y que aun así sea una historia de terror.
-¿Sentís que el tema está invisibilizado?
–Sí, por desgracia parece que, si no hay violencia física, no es tan importante. En la prensa se habla de asesinatos o palizas, y en las películas o las series también se muestra eso más atractivo o morboso de contar. Pero hacía falta hablar de lo grave que es lo psicológico, que además en la mayoría de los casos es la antesala de algo peor.

–Evitás tanto a la víctima ideal como al malo estereotípico. ¿Cómo trabajaste esa ambigüedad en la construcción de los personajes?
–Al principio me costó mucho, porque yo misma estaba culpándola. Pensaba que su defecto era que lo hubiera elegido a él. Y eso es lo que hace la mayoría de la gente: señalar a la víctima. Cuando consulté a un psicólogo para construir el personaje de Marina, entendí que no era culpa de ella la violencia que él ejerce, y a partir de eso, pude construirla mejor. Y con él me pasaba lo mismo: ningún maltratador lo es las 24 horas, por eso conquista al entorno, que es lo que pasa con la familia de ella, aunque no con las amigas.
-¿Por qué creés que la novela tuvo tan buena recepción? ¿Lo relacionás con un momento social atravesado por los feminismos?
–Si, pero creo que sobre todo tiene que ver con la identificación, porque todas conocemos a una Marina o hemos sido una Marina. Sin embargo, casi nadie conoce a un agresor, las cuentas no cuadran. Y sí, el feminismo ayuda a empatizar más y a acompañar, pero también hay muchas mujeres que se sienten culpables por haber pasado por algo así teniendo herramientas teóricas. Parece que si ya sabías, no debería haberte pasado, y eso genera culpa y vergüenza. La culpa es siempre del agresor.

–Solés decir que te llegan muchos mensajes de lectoras contándote sus historias.
-Al principio me sobrepasaba un poco, pero intento contestar a todas, sobre todo a las mujeres que me escriben porque están o han estado en una situación de violencia. Muchas no se atreven a contarlo en su entorno y me lo dicen a mí. Me escriben mujeres haciendo las maletas, yéndose de sus casas, o justo después de salir de una comisaría. Es muy fuerte, pero demuestra que una ficción puede ayudar.
—Después de todo el debate y las charlas que generó el libro, ¿cambió tu forma de ver las relaciones? ¿Cuestionás más ciertas ideas del amor romántico?
—Sí, sobre todo me hizo ver que hay mucha más violencia de la que creemos y que necesitamos hablar mucho más de esto. Ponerle palabras ayuda a que otras personas se identifiquen y puedan tomar decisiones. No es que no me guste el amor romántico, pero creo que hay que construirlo de otra manera. Nos enseñan que hay una única forma de amar y que es el objetivo de la vida, y eso es un problema. Hay muchas formas de vincularse y ninguna debería ser una imposición.
–Es tu primera novela y tuvo un éxito muy grande.
–No creí que la gente la iba a leer. La primera edición era de 4000 ejemplares y yo pensaba que ojalá se agotara en diez años. A la semana siguiente estaban reimprimiendo. Desde entonces lo vivo un poco disociada, porque si intento entenderlo, sería demasiado.
Para agendar
Lucía Solla Sobral firmará ejemplares en la Feria del Libro este martes 28 a las 18.30, en el stand de Riverside; luego, a las 20.30, presentará Comerás flores en diálogo con la periodista Eugenia Zicavo en la sala Alfonsina Storni del Pabellón Blanco.
Con más de 150.000 ejemplares vendidos, más de veinte ediciones en España y traducciones en doce idiomas, Comerás flores convirtió a la escritora española Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) en uno de los fenómenos editoriales recientes. En su debut, publicado por Libros del Asteroide, la autora explora las formas más sutiles del maltrato psicológico en una relación de pareja. La novela sigue a Marina, una joven que se involucra con un hombre mayor en un vínculo atravesado por la manipulación, la dependencia emocional y una violencia que nunca llega a ser física, pero que se instala como una amenaza constante. De paso por Buenos Aires, donde se presentará en la 50° edición de la Feria del Libro, conversó sobre el origen del libro, su recepción y las tensiones que atraviesan la historia.
La novela, cuenta, nació de una inquietud persistente en torno a la escasa visibilidad del maltrato psicológico. A partir de ahí, Solla Sobral comenzó a investigar y a conversar con amigas y conocidas, en un proceso que derivó en una experiencia compartida: lo que inicialmente aparecía como algo ajeno empezó a reconocerse como cercano. Ese material dio origen a un primer relato, que luego desarrolló en un taller de escritura y más tarde en una residencia literaria, donde terminó de consolidar Comerás flores.
–El libro construye una tensión constante sin que la violencia llegue a volverse física. ¿Te interesaba justamente trabajar sobre ese límite?
–Para mí era fundamental que nunca pasara a lo físico. Aunque tú creas que va a pasar, porque lo tenemos asumido, quería que no ocurriera para que por fin seamos capaces de asumir que la violencia psicológica ya es lo suficientemente grave, aunque nunca llegue el golpe. A veces hay lectores que esperan que pase ‘algo más’, pero también es realista que no pase nada y que aun así sea una historia de terror.
-¿Sentís que el tema está invisibilizado?
–Sí, por desgracia parece que, si no hay violencia física, no es tan importante. En la prensa se habla de asesinatos o palizas, y en las películas o las series también se muestra eso más atractivo o morboso de contar. Pero hacía falta hablar de lo grave que es lo psicológico, que además en la mayoría de los casos es la antesala de algo peor.

–Evitás tanto a la víctima ideal como al malo estereotípico. ¿Cómo trabajaste esa ambigüedad en la construcción de los personajes?
–Al principio me costó mucho, porque yo misma estaba culpándola. Pensaba que su defecto era que lo hubiera elegido a él. Y eso es lo que hace la mayoría de la gente: señalar a la víctima. Cuando consulté a un psicólogo para construir el personaje de Marina, entendí que no era culpa de ella la violencia que él ejerce, y a partir de eso, pude construirla mejor. Y con él me pasaba lo mismo: ningún maltratador lo es las 24 horas, por eso conquista al entorno, que es lo que pasa con la familia de ella, aunque no con las amigas.
-¿Por qué creés que la novela tuvo tan buena recepción? ¿Lo relacionás con un momento social atravesado por los feminismos?
–Si, pero creo que sobre todo tiene que ver con la identificación, porque todas conocemos a una Marina o hemos sido una Marina. Sin embargo, casi nadie conoce a un agresor, las cuentas no cuadran. Y sí, el feminismo ayuda a empatizar más y a acompañar, pero también hay muchas mujeres que se sienten culpables por haber pasado por algo así teniendo herramientas teóricas. Parece que si ya sabías, no debería haberte pasado, y eso genera culpa y vergüenza. La culpa es siempre del agresor.

–Solés decir que te llegan muchos mensajes de lectoras contándote sus historias.
-Al principio me sobrepasaba un poco, pero intento contestar a todas, sobre todo a las mujeres que me escriben porque están o han estado en una situación de violencia. Muchas no se atreven a contarlo en su entorno y me lo dicen a mí. Me escriben mujeres haciendo las maletas, yéndose de sus casas, o justo después de salir de una comisaría. Es muy fuerte, pero demuestra que una ficción puede ayudar.
—Después de todo el debate y las charlas que generó el libro, ¿cambió tu forma de ver las relaciones? ¿Cuestionás más ciertas ideas del amor romántico?
—Sí, sobre todo me hizo ver que hay mucha más violencia de la que creemos y que necesitamos hablar mucho más de esto. Ponerle palabras ayuda a que otras personas se identifiquen y puedan tomar decisiones. No es que no me guste el amor romántico, pero creo que hay que construirlo de otra manera. Nos enseñan que hay una única forma de amar y que es el objetivo de la vida, y eso es un problema. Hay muchas formas de vincularse y ninguna debería ser una imposición.
–Es tu primera novela y tuvo un éxito muy grande.
–No creí que la gente la iba a leer. La primera edición era de 4000 ejemplares y yo pensaba que ojalá se agotara en diez años. A la semana siguiente estaban reimprimiendo. Desde entonces lo vivo un poco disociada, porque si intento entenderlo, sería demasiado.
Para agendar
Lucía Solla Sobral firmará ejemplares en la Feria del Libro este martes 28 a las 18.30, en el stand de Riverside; luego, a las 20.30, presentará Comerás flores en diálogo con la periodista Eugenia Zicavo en la sala Alfonsina Storni del Pabellón Blanco.
La escritora española, que visita Buenos Aires para presentarse este martes en la Feria del Libro, se convirtió en un fenómeno con su única novela, “Comerás flores”, una historia sobre los mecanismos invisibles del maltrato en pareja LA NACION



